En la calle respiro la libertad extrema, dejo de pertenecer a mi mismo y me convierto en propiedad de otro, de ese que mira raro, del arbolito que ronca bajito su melodía repetida, del cotilla que busca lo que nunca encontrará, del tachero corredor lleno de historias que jamás sabré cual es la verdadera, del colectivo que brama su tos rogando un descanso, del cartonero que recoge las migajas de la alegría ajena, del canillita que grita las buenas y malas que inexorablemente nos salpican, del carterista que arriesga su vida en cada obra que pintarrajea, del peatón que lleva consigo el trajín del día y el peso de sus sueños, de tantas vidas que hacen de la calle un mundo único.
Todos danzando a un ritmo infernal, haciendo su día sobre el cemento y la calle con sus arrugas, guarda en sus adentros los secretos más puros y desvergonzados de cada uno de ellos.
Los autos rumbean y se pierden en un desagüe de avenidas saturadas mientras en algún lugar alguien espera por mi y también por vos, alguna mirada perdida reza un te quiero, es la presunción de que alguien esta a mis espaldas susurrando una vieja canción.
Y es esa vieja canción la que viaja calavera por las calles de Buenos Aires, por la rutas de alguna provincia. La misma rola que pregona la libertad salvaje de estar en movimiento de un lado a otro, el ostracismo musical y obligado de cada fin de semana.
Voy adelante, al volante de una banda que no esta en banda y que de a poco se hace carne y canción en las manos rojas agradecidas de la gente.
Hace mucho en un saco viejo, ajado, manjar de polillas, casi por casualidad encontré en uno de sus bolsillos una cruz que creí haber perdido. Ese aparente cascajo de tela guardaba en sus adentro algo muy valioso para mi. Digo esto porque hace un tiempo también me miré al espejo y me vi cansado, curtido y lastimado, pero hubo amigos que con sus manos y trabajo sacaron de mi algo tan valioso como lo es aun aquella cruz. El Colo, Gastón, Nico, el Chino, Javi, Ana, familia, amigos.
Todos sacaron lo mejor de mí, todos sacaron a luz lo que hoy ven, todos susurraron en mis oídos esa vieja canción que hormiguea por las calles en busca de un amor irreversible.
Alfo





